Caminando de nuevo por la fría nieve de enero; puede que parezca nieve, no, no lo es. Son las nubes de las 4 lejanas estaciones del año. Son duras de pisar, y cada paso es un año atrás, cada paso volverá ver las épocas sanas sin corrupción y más amor. Piso fuerte, cayendo mas profundo en la realidad, pero a la vez me alejo más
de ella.
Camino más por esa blanca nieve que se siente como nubes, como esas nubes, como esa blanca apasionante nieve. Me alejo y subo a una colina, subo al paraíso, nada existe más que Ellos y yo. Miro a uno de ellos y les digo: “nunca dejes brillar, si ellos no desaparecen.”
Volver, volver a casa, algo que no quiero, esto es el paraíso, esto es el cielo, ni las palabras explican esta belleza vestida de blanco en estos días. Me siento gigante, me siento indestructible. Me siento como todo lo que me rodea es pequeño, soy grande, soy Dios.
Y todavía me pregunto… ¿quien escribe esto? ¿Ellos? ¿Ella? Yo por seguro no, alma apasionante de escritora en estos días no hay, y esos días tampoco creo que volverán.
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